Siendo yo misma una adolescente, puedo darme cuenta que la mentalidad de los
adolescentes de ahora es muy diferente a la de los adolescente de hace 10,20 o
30 años. No es solo porque las modas van cambiando, eso se puede asegurar.
Sinceramente no sé si esto sea un cambio para bien o para mal, pues, a pesar
de que en la actualidad los adolescentes son de mente más abierta: lo cual es
algo muy bueno pues nos permite absorber y asimilar todo lo que curre a nuestro
alrededor de manera más sencilla; algunas veces esa facilidad de decir las
cosas puede resultar incomodo para otros.
El día de hoy 26 de marzo de 2012 me paso algo peculiar en la zona en que
vivo, no fue un accidente de tráfico, no hubo ningún herido y no salió en las
noticias; aún así me parece adecuado comentarlo pues tiene mucho que ver con el
tema que estoy tocando.
“Me encontraba caminando por las tranquilas calles de la colonia Providencia
cuando de pronto, no muy lejos de donde me encontraba, había un grupo de
muchachos como entro los 14 y 17 años. Al pasar puede escuchar algunas palabras
de su conversación “incesto”, “sangre”, “embarazo” no me pereció tan difícil
saber de lo que hablaban; al principio me pareció algo enfermo y luego
simplemente lo dejé pasar.”
¡Lo dejé pasar! Y no porque fuera algo “perturbador” si no porque pensé: “bueno,
cada quien”. Ahora que lo pienso, me doy cuenta que no solo yo “dejo las cosas
ir”, somos todos los adolescentes así, ya muy pocas cosas nos parecen
extremadamente inusuales.
Imaginemos a un adolescente de hace 30 años, va caminando por la calle y le
sucede lo mismo que a mí. ¿Reaccionaria igual que yo? ¿Con indiferencia? Tal
vez si, tal vez no. Usted mi querido lector ¿Qué opina?